martes, 19 de marzo de 2013

Furia Angelical


La noche había dado paso a una mañana soleada, el cielo teñido de rojo, la tierra teñida de sangre...
El capitán Raphael se preguntaba cuando volverían a atacar los orkos, y cuanto tiempo más aguantarían. Llevaban dos semanas resistiendo contra la interminable marea verde, y hace poco se había perdido la conexión con la flota. Hasta ahora les habían mantenido a raya con fuego sostenido de bolter, pero las municiones empezaban a escasear y pronto se verían involucrados en un cuerpo a cuerpo brutal en el cual si que tendrían bajas autenticas.
Raphael activo sus armas, y el martillo trueno y el escudo tormenta zumbaron y destellaron con leve fulgor azul. Sus hermanos tambien estaban ya revisando sus armas ante el inminente ataque que se avecinaba, ya precedido por un ensordecedor coro de rugidos y redoble de tambores. Las escuadras devastadoras Astayl y Traliwan ya tenían dispuestas sus armas pesadas en los diferentes balcones del templo. Las escuadras de asalto Mundar y Paltor, ya desechados los retropropulsores por falta de combustible, aguardaban entre los escombros preparados para contraatacar en el momento adecuado y añadir su gran experiencia en el cuerpo a cuerpo a la lucha. Las escuadras tácticas aguardaban atrincherados en sus posiciones, observando el horizonte con actitud solemne, sabiendo que su destino podía estar cerca.
Un sonido ya familiar empezó a sonar en el aire, y nadie se extraño cuando multitud de explosiones empezaron a rodearles desparramando tierra, escombros y asfalto por igual.
  • Suerte que los orkos no son conocidos por su puntería- comento el sargento Tumiel.
  • Solo lo hacen para impresionar, aparte de que les gusta como suenan las armas al disparar...- le respondió el sargento Orotiel a través del comunicador.
  • En eso ultimo nos parecemos bastante ¿no creéis?- dijo con tono burlón Traliwan mientras miraba impaciente a través de la mirilla de su bolter pesado.
  • Espero que tu puntería al menos sea mejor que la suya- comento tambien de broma Tumiel, aunque sabia perfectamente que Traliwan era el mejor tirador de la compañía.
  • ¿Dices entonces que todas las veces que te he salvado la vida han sido por gracia divina?- Contesto el Sargento devastador.
  • No, solo digo que tienes mas suerte que un Ratling al que invitan a un banquete- Dijo Tumiel mientras el comunicador se inundaba de carcajadas.
  • Hermanos atentos por favor, los orkos están cerca. No nos podemos distraer- dijo Orotiel intentando que sus hermanos se concentrasen en la misión.
  • Haced caso a vuestro hermano, aunque si practicase con la espada mas que con los libros no tendríamos que recogerle siempre de entre los cadáveres- comento Paltor mientras se quitaba de encima un trozo de escombro que por un momento le había sepultado. Se oyó el inconfundible gruñido de Orotiel por el comunicador.
Todos se callaron cuando una lluvia de proyectiles directos barrio las posiciones Astartes. Todos se pusieron a cubierto mientras los devastadores buscaban el origen de tal andanada.
  • Saqueadores en el edifico D4K Oeste, azotea, escuadras apunten- Dijo Astrayl mientras apuntaba con su signum a dicha posición.- ¡Fuego!
Inmediatamente una mezcla de proyectiles explosivos y de energía barrieron la posición designada con una precisión mortal. El edificio acabo derrumbándose ante tal acometida, con los orkos aun en el interior. Esto provoco un sonido muy diferente al esperado de un edifico cayéndose, ya que fue un enorme rugido el que surgió de entre los escombros. Al instante ese rugido rodeo a los Marines por todas las direcciones.
  • Hermanos... aquí vienen. Creo que no hace falta deciros lo que tenéis que hacer, ya sois mayorcitos- Dijo el capitán mientras subía por un escombro y se colocaba erguido delante de todos sus hombres. Su armadura artesanal negra aun brillaba a pesar de las ultimas semanas de combate casi ininterrumpido. Las decoraciones doradas, aunque melladas y agrietadas en muchas partes, mantenían aun orgullosas las insignias y símbolos del capitulo.
Los orkos aparecieron como un tsunami que cubría las calles. Avanzaban sin ningún orden ni concierto, bramando, chocando las armas entre si, e incluso algunos apartaban a los mas lentos a base de golpes, tajos o incluso disparos. Era una visión cómica y ya conocida por los veteranos marines de los Ángeles Olvidados. Ellos eran paladines entre los Astartes, con cientos sino miles de años de experiencia a sus espaldas. Conocedores de los mayores secretos del Imperio y guardianes inamovibles de estos, daban sus vidas una y otra vez por la seguridad de la humanidad.
Para ellos la guerra era la fragua donde se forjaban las razas, y a través de ella se podía conocer cualquier aspecto de ellas. Debido a esta filosofía, su mayor dogma en el capitulo es “conoce a tu enemigo tanto como te conoces a ti mismo”. Esto mucha veces choca con el pensar general, pero se ha demostrado infalible en todas y cada unas de las batallas que han librado y esta no iba a ser la excepción. Conocían a los orkos, y sabían que no pararían hasta que no quedase nadie con vida en aquel planeta, o por otra parte se quedasen sin liderazgo, cosa tras la cual se sumirían en la mas absoluta anarquía hasta que otro ocupara el cargo de líder, que no se consigue antes de haber matado a todos los demás pretendientes al puesto.
Raphael sabia que los kaudillos tambien tienen que mantenerse en el poder demostrando oportunamente su fuerza, y que una simple compañía de marines resistiera el envite de su horda era suficiente para hacerle aparecer en escena, momento en el cual esto se acabaría mas pronto que tarde. En realidad el templo no era de ningún interés practico, era solo un edificio lo suficientemente grande para que los orkos creyesen que había algo valioso en su interior. Esta táctica tenia ademas otro beneficio: mientras los orkos centraban su fuerza principal en ellos, el resto de las fuerzas imperiales podían llevar a cabo contraofensivas en otros puntos mas importantes. Lo que preocupaba a Raphael, y por eso estaba mas sombrío de lo habitual, era el repentino corte de las comunicaciones con la flota y el corte tambien de los suministros.
Las armas pesadas de los devastadores ya estaban haciendo estragos entre las filas orkas, y a ello pronto se uniría la cortina de fuego bolter de las tácticas. Los orkos no pararon a pesar de esto, lo que acrecentaba aun mas la teoría de que el kaudillo estaba cerca, duda que por otra parte se disipo del todo cuando un enorme Carro de Guerra apareció a lo lejos atropellando a todo el que se interponía en su camino.
El estruendo que se produjo cuando los orkos chocaron con las lineas Astartes fue terrible. Las espadas sierras activadas resonaron entre los escombros y los marines de asalto pararon de golpe la carga con una embestida que aplasto decenas de xenos en el proceso. Los tácticos habían desenvainado ya sus cuchillos de combate y desenfundado sus pistolas y se lanzaron tambien a la vorágines del combate. Tumiel y Orotiel luchaban con sus centelleantes espadas de energía contra un grupo de nobles que les había cargado momentos antes, despachando miembros y cabezas con cada barrido. El corpulento Sargento Farlax se enfrentaba a un enorme mega-noble orko blandiendo su hacha de energía con una fiereza parecida a la de su contrincante. Mundar parecía un torbellino de muerte entre las filas orkas realizando fintas y quiebros con sus dos gladios, teniendo ya la armadura totalmente cubierta de sangre. Paltor, al contrario que su hermano se movía con una gracilidad inusitada y como un felino armado con un par de excelentes cuchillas relámpago, atacaba con precisión allí donde el combate era mas encarnizado. Pero la figura mas grandiosa era la de Raphael, encima ya de una montaña de cadáveres y a cada golpe de su poderoso martillo hacia salir por los aires a un docena de orkos. Después fueron los nobles los que intentaron el reto de reducirle, pero estos tambien sucumbieron a la implacable ira del capitán. Para cuando el Kaudillo Orko llego al combate la horda orka había perdido su empuje inicial y estaban siendo masacrados por los Astartes. El enorme orko descendió amenazante de su transporte rodeado de su guardia personal, orkos casi tan grandes como él enfundados en gruesas y pesadas armaduras. Las miradas de los dos titanes guerreros se cruzaron en medio del caos reinante. Los ojos del color de la lava del orko relampaguearon ante los celestes ojos del capitán. Los esfuerzos xenos se redoblaron ante la presencia directa de su líder, y los marines se vieron una vez mas avasallados por mareas de xenos rabiosos. El kaudillo avanzó apartando a todo orko que había en su camino hacia Raphael, mientras este aun estaba despachando a los últimos enemigos que le atacaban e intentando a su vez hacerse paso hacia su némesis. Cuando la guardia llego a la altura del capitán, fue recibida inmediatamente por una ráfaga de proyectiles de plasma que los redujeron a simples restos de carne y metal.
  • Esa era nuestra ultima descarga, aprovechala bien capitán- dijo Astrayl por el comunicador.
  • Me ofende la duda sargento- respondió el capitán con una pequeña sonrisa débilmente dibujada en la boca.
El Kaudillo no se amedrento ante la muerte de sus nobles, y cargo rugiendo contra Raphael. Primero le lanzo un tajo con una enorme rebanadora motorizada, que el capitán previno y se giro sobre si mismo, desviando el ataque con su martillo y propinando al orko un fuerte golpe en la mandíbula con el escudo. El Kaudillo perdió el equilibrio por unos instantes, los cuales aprovecho Raphael para asestarle un golpe de martillo en el vientre. El enorme orko cayo de rodillas apoyado en su rebanadora, jadeando a causa del golpe. Entonce el capitán se acerco despacio al orko y justo cuando iba a darle el golpe de gracia, el Kaudillo activo su garra de combate y atravesó el vientre de Raphael con absoluta facilidad. Raphael miro conmocionado la herida, para a continuación alzar la cabeza y mirar fijamente a los ojos de su enemigo. Lo ultimo que vio el orko antes de morir fue la sonrisa burlona del capitán.
Raphael se arranco del cuerpo la garra mecánica del Kaudillo y miro a los alrededores. Los orkos huían despavoridos y los marines espaciales los perseguían y masacraban metódicamente. De repente el cielo se ilumino con centenares de estelas de fuego que portaban en su interior la furia de los Ángeles Olvidados, un capitulo que a pesar de su nombre, es mejor no olvidarles...

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