La noche había dado paso
a una mañana soleada, el cielo teñido de rojo, la tierra teñida de
sangre...
El capitán Raphael se
preguntaba cuando volverían a atacar los orkos, y cuanto tiempo más
aguantarían. Llevaban dos semanas resistiendo contra la interminable
marea verde, y hace poco se había perdido la conexión con la flota.
Hasta ahora les habían mantenido a raya con fuego sostenido de
bolter, pero las municiones empezaban a escasear y pronto se verían
involucrados en un cuerpo a cuerpo brutal en el cual si que tendrían
bajas autenticas.
Raphael activo sus armas,
y el martillo trueno y el escudo tormenta zumbaron y destellaron con
leve fulgor azul. Sus hermanos tambien estaban ya revisando sus armas
ante el inminente ataque que se avecinaba, ya precedido por un
ensordecedor coro de rugidos y redoble de tambores. Las escuadras
devastadoras Astayl y Traliwan ya tenían dispuestas sus armas
pesadas en los diferentes balcones del templo. Las escuadras de
asalto Mundar y Paltor, ya desechados los retropropulsores por falta
de combustible, aguardaban entre los escombros preparados para
contraatacar en el momento adecuado y añadir su gran experiencia en
el cuerpo a cuerpo a la lucha. Las escuadras tácticas aguardaban
atrincherados en sus posiciones, observando el horizonte con actitud
solemne, sabiendo que su destino podía estar cerca.
Un sonido ya familiar
empezó a sonar en el aire, y nadie se extraño cuando multitud de
explosiones empezaron a rodearles desparramando tierra, escombros y
asfalto por igual.
- Suerte que los orkos no son conocidos por su puntería- comento el sargento Tumiel.
- Solo lo hacen para impresionar, aparte de que les gusta como suenan las armas al disparar...- le respondió el sargento Orotiel a través del comunicador.
- En eso ultimo nos parecemos bastante ¿no creéis?- dijo con tono burlón Traliwan mientras miraba impaciente a través de la mirilla de su bolter pesado.
- Espero que tu puntería al menos sea mejor que la suya- comento tambien de broma Tumiel, aunque sabia perfectamente que Traliwan era el mejor tirador de la compañía.
- ¿Dices entonces que todas las veces que te he salvado la vida han sido por gracia divina?- Contesto el Sargento devastador.
- No, solo digo que tienes mas suerte que un Ratling al que invitan a un banquete- Dijo Tumiel mientras el comunicador se inundaba de carcajadas.
- Hermanos atentos por favor, los orkos están cerca. No nos podemos distraer- dijo Orotiel intentando que sus hermanos se concentrasen en la misión.
- Haced caso a vuestro hermano, aunque si practicase con la espada mas que con los libros no tendríamos que recogerle siempre de entre los cadáveres- comento Paltor mientras se quitaba de encima un trozo de escombro que por un momento le había sepultado. Se oyó el inconfundible gruñido de Orotiel por el comunicador.
Todos se callaron cuando
una lluvia de proyectiles directos barrio las posiciones Astartes.
Todos se pusieron a cubierto mientras los devastadores buscaban el
origen de tal andanada.
- Saqueadores en el edifico D4K Oeste, azotea, escuadras apunten- Dijo Astrayl mientras apuntaba con su signum a dicha posición.- ¡Fuego!
Inmediatamente una mezcla
de proyectiles explosivos y de energía barrieron la posición
designada con una precisión mortal. El edificio acabo derrumbándose
ante tal acometida, con los orkos aun en el interior. Esto provoco un
sonido muy diferente al esperado de un edifico cayéndose, ya que fue
un enorme rugido el que surgió de entre los escombros. Al instante
ese rugido rodeo a los Marines por todas las direcciones.
- Hermanos... aquí vienen. Creo que no hace falta deciros lo que tenéis que hacer, ya sois mayorcitos- Dijo el capitán mientras subía por un escombro y se colocaba erguido delante de todos sus hombres. Su armadura artesanal negra aun brillaba a pesar de las ultimas semanas de combate casi ininterrumpido. Las decoraciones doradas, aunque melladas y agrietadas en muchas partes, mantenían aun orgullosas las insignias y símbolos del capitulo.
Los orkos aparecieron
como un tsunami que cubría las calles. Avanzaban sin ningún orden
ni concierto, bramando, chocando las armas entre si, e incluso
algunos apartaban a los mas lentos a base de golpes, tajos o incluso
disparos. Era una visión cómica y ya conocida por los veteranos
marines de los Ángeles Olvidados. Ellos eran paladines entre los
Astartes, con cientos sino miles de años de experiencia a sus
espaldas. Conocedores de los mayores secretos del Imperio y
guardianes inamovibles de estos, daban sus vidas una y otra vez por
la seguridad de la humanidad.
Para ellos la guerra era
la fragua donde se forjaban las razas, y a través de ella se podía
conocer cualquier aspecto de ellas. Debido a esta filosofía, su
mayor dogma en el capitulo es “conoce a tu enemigo tanto como te
conoces a ti mismo”. Esto mucha veces choca con el pensar general,
pero se ha demostrado infalible en todas y cada unas de las batallas
que han librado y esta no iba a ser la excepción. Conocían a los
orkos, y sabían que no pararían hasta que no quedase nadie con vida
en aquel planeta, o por otra parte se quedasen sin liderazgo, cosa
tras la cual se sumirían en la mas absoluta anarquía hasta que otro
ocupara el cargo de líder, que no se consigue antes de haber matado
a todos los demás pretendientes al puesto.
Raphael sabia que los
kaudillos tambien tienen que mantenerse en el poder demostrando
oportunamente su fuerza, y que una simple compañía de marines
resistiera el envite de su horda era suficiente para hacerle aparecer
en escena, momento en el cual esto se acabaría mas pronto que tarde.
En realidad el templo no era de ningún interés practico, era solo
un edificio lo suficientemente grande para que los orkos creyesen que
había algo valioso en su interior. Esta táctica tenia ademas otro
beneficio: mientras los orkos centraban su fuerza principal en ellos,
el resto de las fuerzas imperiales podían llevar a cabo
contraofensivas en otros puntos mas importantes. Lo que preocupaba a
Raphael, y por eso estaba mas sombrío de lo habitual, era el
repentino corte de las comunicaciones con la flota y el corte tambien
de los suministros.
Las armas pesadas de los
devastadores ya estaban haciendo estragos entre las filas orkas, y a
ello pronto se uniría la cortina de fuego bolter de las tácticas.
Los orkos no pararon a pesar de esto, lo que acrecentaba aun mas la
teoría de que el kaudillo estaba cerca, duda que por otra parte se
disipo del todo cuando un enorme Carro de Guerra apareció a lo lejos
atropellando a todo el que se interponía en su camino.
El estruendo que se
produjo cuando los orkos chocaron con las lineas Astartes fue
terrible. Las espadas sierras activadas resonaron entre los escombros
y los marines de asalto pararon de golpe la carga con una embestida
que aplasto decenas de xenos en el proceso. Los tácticos habían
desenvainado ya sus cuchillos de combate y desenfundado sus pistolas
y se lanzaron tambien a la vorágines del combate. Tumiel y Orotiel
luchaban con sus centelleantes espadas de energía contra un grupo de
nobles que les había cargado momentos antes, despachando miembros y
cabezas con cada barrido. El corpulento Sargento Farlax se enfrentaba
a un enorme mega-noble orko blandiendo su hacha de energía con una
fiereza parecida a la de su contrincante. Mundar parecía un
torbellino de muerte entre las filas orkas realizando fintas y
quiebros con sus dos gladios, teniendo ya la armadura totalmente
cubierta de sangre. Paltor, al contrario que su hermano se movía con
una gracilidad inusitada y como un felino armado con un par de
excelentes cuchillas relámpago, atacaba con precisión allí donde
el combate era mas encarnizado. Pero la figura mas grandiosa era la
de Raphael, encima ya de una montaña de cadáveres y a cada golpe de
su poderoso martillo hacia salir por los aires a un docena de orkos.
Después fueron los nobles los que intentaron el reto de reducirle,
pero estos tambien sucumbieron a la implacable ira del capitán. Para
cuando el Kaudillo Orko llego al combate la horda orka había perdido
su empuje inicial y estaban siendo masacrados por los Astartes. El
enorme orko descendió amenazante de su transporte rodeado de su
guardia personal, orkos casi tan grandes como él enfundados en
gruesas y pesadas armaduras. Las miradas de los dos titanes guerreros
se cruzaron en medio del caos reinante. Los ojos del color de la lava
del orko relampaguearon ante los celestes ojos del capitán. Los
esfuerzos xenos se redoblaron ante la presencia directa de su líder,
y los marines se vieron una vez mas avasallados por mareas de xenos
rabiosos. El kaudillo avanzó apartando a todo orko que había en su
camino hacia Raphael, mientras este aun estaba despachando a los
últimos enemigos que le atacaban e intentando a su vez hacerse paso
hacia su némesis. Cuando la guardia llego a la altura del capitán,
fue recibida inmediatamente por una ráfaga de proyectiles de plasma
que los redujeron a simples restos de carne y metal.
- Esa era nuestra ultima descarga, aprovechala bien capitán- dijo Astrayl por el comunicador.
- Me ofende la duda sargento- respondió el capitán con una pequeña sonrisa débilmente dibujada en la boca.
El Kaudillo no se
amedrento ante la muerte de sus nobles, y cargo rugiendo contra
Raphael. Primero le lanzo un tajo con una enorme rebanadora
motorizada, que el capitán previno y se giro sobre si mismo,
desviando el ataque con su martillo y propinando al orko un fuerte
golpe en la mandíbula con el escudo. El Kaudillo perdió el
equilibrio por unos instantes, los cuales aprovecho Raphael para
asestarle un golpe de martillo en el vientre. El enorme orko cayo de
rodillas apoyado en su rebanadora, jadeando a causa del golpe.
Entonce el capitán se acerco despacio al orko y justo cuando iba a
darle el golpe de gracia, el Kaudillo activo su garra de combate y
atravesó el vientre de Raphael con absoluta facilidad. Raphael miro
conmocionado la herida, para a continuación alzar la cabeza y mirar
fijamente a los ojos de su enemigo. Lo ultimo que vio el orko antes
de morir fue la sonrisa burlona del capitán.
Raphael se arranco del
cuerpo la garra mecánica del Kaudillo y miro a los alrededores. Los
orkos huían despavoridos y los marines espaciales los perseguían y
masacraban metódicamente. De repente el cielo se ilumino con
centenares de estelas de fuego que portaban en su interior la furia
de los Ángeles Olvidados, un capitulo que a pesar de su nombre, es
mejor no olvidarles...

No hay comentarios:
Publicar un comentario