Las explosiones inundaban en vestíbulo columnado que daba a la sala del trono. Todo estaba envuelto en una nube de metralla y polvo que impedía asimilar bien la situación. Alrick coloco un nuevo cargador en el bolter y volvió a echar un vistazo por la esquina. El visor le permitió ver a varios marines traidores moviéndose con rapidez de cobertura en cobertura sin dejar de disparar con precisión a su guardia personal. Apunto con una rapidez extraordinaria y apretó el gatillo cambiando de dirección el bolter levemente antes de apretarlo otra vez. Dos proyectiles salieron propulsados hacia los objetivos y ambos impactaron en la gorguera de los marines traidores, matándolos en el acto. Se había tenido que involucrar personalmente en el asalto debido a la presencia de una gran entidad disfórmica y la idea de que los marines del caos estuvieran cerca le daba una idea aproximada de lo que iba a encontrarse. En un principio no se había percibido ninguna intrusión de la disformidad en el planeta y de repente apareció, de la nada, lo que le llevo a pensar que era algún traidor que había sido recompensado por sus dioses. El veterano Gran Maestre del capitulo sabia que el único capaz de salir airoso de un combate como aquel era el.
- Tiberian, colóquense en esa columna y apoye nuestro avance. Capitán Alastor fuego de supresión a esos Aniquiladores, que no levanten la cabeza.
- Si señor.- Respondieron inmediatamente los curtidos Astartes.
Alastor dio un paso al frente enfundado en su mastodóntica armadura de exterminador y el cañón de asalto comenzó a rotar y a soltar su mortal carga. Tiberian aprovecho para posicionarse y disparar por el flanco con su rifle de plasma. La eficiente ráfaga que descargo desintegro el torso de un par de traidores, lo que obligo al resto a reposicionarse para no quedar expuestos. Justo lo que Alrick esperaba.
- ¡Avanzad mis valientes, purifiquemolos con nuestro perdón que sientan la vergüenza que sentimos por su existencia!-
- ¡Por Terra! ¡Por el Emperador!- gritaron todos al unisono.
Entonces todos abandonaron la cobertura y empezaron a correr hacia los traidores mientras vaciaban los cargadores de sus bolter. Alastor también avanzó mientras disparaba sin perder un ápice de precisión.
El combate fue corto. Los aniquiladores no pudieron hacer nada ante las armas de energía de los Angeles Olvidados que les troceaban con el mero contacto.
Los astartes observaron con repulsión a los Traidores muertos, con sus armaduras de un verdoso pálido llenas de pústulas y cuernos de retorcidas formas sobresaliendo por ella. Eran Marines de la plaga, antaño los orgullosos guerreros de la XIV Legión. Recuerdos pasados inundaron la mente de Alrick, algunos nostálgicos, de gloria, muchos de muerte y otros... de traición.
Los Ángeles Olvidados llegaron ante las grandes puertas de mármol rojizo que los separaban de la sala del trono. Alrick poso su mano sobre la fría piedra e inmediatamente la retiro, como si le hubiera hecho daño el mero contacto con ella.
- Decid a los bibliotecarios que se concentren en ocultar mi presencia. El poder que hay dentro de esta sala es muy superior al esperado- digo el Gran Maestre. Uno de los Veteranos abrió un canal con la flota y comunico la orden.
- Pero señor la Inquisición esta en órbita, es muy arriesgado que se descubra ahora.- dijo con preocupación Tiberian.
- Tranquilo hermano, tu prudencia es tu mejor rasgo, pero a veces debes dejar de lado lo seguro y jugártela Ademas, el juego del escondite con la Inquisición pone las cosas mas interesantes ¿no crees?- le tranquilizo Alrick.- Mantened esta posición y no dejéis que nadie entre.
- Si maestre.- Respondió Tiberian con resignación.
Alrick se arrodillo ante la puerta y una tenue luz se adueño de toda su imponente figura. Las puertas rojizas se estremecieron ante el poder del Maestre y se abrieron lentamente. Entonces se incorporo y se adentro en la estancia desenvainando la espada con suavidad. Las puertas volvieron a cerrarse a su paso.
El suelo estaba cubierto con una fina capa de niebla de color verdoso. Al fondo de la estancia se erguía el orgulloso trono en el que antaño reposara la autoridad del gobernador planetario, ahora ocupado por una enorme mole oculta tras una túnica desvencijada y con una mano apoyada en una enorme guadaña que desprendía un aura maligna que parecía afectar hasta a los materiales inanimados de la sala.
- Bienvenido a mi nuevo hogar, por lo que veo has revelado tu identidad, gran Kael, Primarca sin Legión, aun me pregunto por que el Emperador no te reconoció como su hijo ante todos, siempre oculto en las sombras cumpliendo las ordenes de un señor corrupto. Hermano- Dijo con sorna mientras reía.
- No esperes que tus corruptas palabras inflijan algún daño en mi alma Mortarion. Sabes perfectamente que nuestro padre tiene una misión para mi, y si eso supone no alcanzar la gloria ni el reconocimiento como tantos de vosotros, que así sea. Ahora tengo al fin mi Legión, el Emperador nos ha bendecido y somos su mayor escudo, y también su arma mas precisa e implacable contra vosotros. Mis hermanos o están durmiendo o han desaparecido en la inmensidad de la disformidad, pero aun los siento, me hablan y me suministran su sabiduría. Llegara el día de la batalla final y tu y todos tus corruptos siervos y dioses sereis borrados de la existencia o moriremos en el intento.
- Mucho rencor hallo en tus palabras y sin nosotros no tendrías razón de ser Kael. Como se puede percibir lo que esta bien si no vemos a su vez lo que esta mal. Si algo he aprendido de mis oscuros señores es que siempre habrá Caos, y a su vez siempre habrá quien se le oponga, y no me malinterpretes, prefiero que sea así Aburrido seria si no hubiera enemigos como tu con los que medirse.- Ya había abandonado el tono de sorna por uno mas sombrío.
- Me da igual Mortarion, el futuro es incierto. Pero si esta lucha a de ser eterna... que así sea. Jamas la abandonare y ten por seguro siempre intentare concluirla con vuestra destrucción.- Grito Kael mientras cargaba contra su corrupto hermano.
- No puedo estar mas de acuerdo contigo... Hermano.- Contesto mientras se levantaba del trono, indiferente ante la carga de su enemigo.
Mortarion alzo su arcano blaster de energía y disparo varias ráfagas precisas. Kael extendió una mano
y los disparos se vieron atraídos hacia ella, disipándose en cuanto entraron en contacto con ella. Mortarion se reprendió a si mismo por pensar que una simple ráfaga de "Linterna" podría hacerle cosquillas siquiera a uno de sus hermanos. Entonces se lanzo a la carga haciendo temblar el suelo con cada zancada.
La espada de Kael emitía un leve fulgor rojizo que se hizo mas intenso cuando entro en contacto contra la maligna guadaña de su adversario. Ambos empezaron a intercambiar tajos, golpes y fintas mientras a su vez intentaban atravesar las defensas psíquicas del otro. En cierto punto Kael consiguió ventaja en el aspecto marcial, y aprovechando su agilidad se deslizo debajo de la guardia del Príncipe Demonio y le hundió la espada en el vientre. Si bien la herida no era grave para un ser como el, fue suficiente para distraerlo de su lucha psíquica, lo que aprovecho Kael para concentrar su poder en la espada y hacerle realmente daño al demonio. Mortarion se desplomó hacia atrás y la guadaña se le escapo de las manos. La espada seguía incrustada en su abdomen e intento extraerla, pero esta emitía tal poder que le quemo las manos. Mortarion aulló de dolor y en su rostro apareció algo tan desconocido para el como el miedo.
- Vosotros decís que somos fanáticos sin perspectivas, pero os equivocáis. Soy alguien que confía mas en el conocimiento que en el poder de la espada. Tu sirves a unos dioses primigenios creados de nuestros mas horribles sentimientos y deseos: el odio, la venganza, la ambición. Os nutrís de todos y cada uno de nuestros defectos. Pero... ¿Que hay de nuestras virtudes? aquellas cosas que se os escapan, cosas que suenan a ilusiones y sentimentalismos pero que como acabas de comprobar os pueden infligir un gran daño si las concentro en mi psique. Se que el Emperador no es mas que un humano que fue capaz de engañar a tus amos para robarles parte de su poder, pero el sabia que había otra fuente de poder ajena a la disformidad, me mando encontrarla e investigarla, y la acabas de sentir. Hoy no podre matarte, pero relativamente pronto aprenderé a controlarla y aprenderás a temerla, pues el miedo es algo que no solo vosotros sabéis inculcar- Dijo Kael mientras los centelleantes visores de su casco emitían una luz antinatural.- Díselo a tus dioses y que se preparen... si pueden- Acto seguido asió la espada, todavía clavada en el vientre del demonio, y concentro todo su poder en ella. El corrupto cuerpo empezó a estremecerse entre convulsiones.
- ¡No sabes a que te enfrentas si piensas que tus nuevos poderes preocuparan a mis dioses!- Grito Mortarion mientras sentía que perdía la conexión con el plano material.
Observo por un instante la locura que era la disformidad a través de la pequeña grieta por la que había desaparecido Mortarion. Sintió como el sentimiento que emitía el empíreo era una mezcla de temor y odio por partes iguales. Kael envaino la espada con indiferencia y mientras se encaminaba hacia la puerta supo en lo mas recóndito de su ser que lo que acababa de ocurrir traería consecuencias, a lo mejor había manifestado demasiado pronto su nuevo poder, pero otro pensamiento le tranquilizaba. La disformidad le temía y eso era mas de lo que se podía pedir...
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